En
estos últimos años del milenio, cuando el gnosticismo y las
religiones de todo tipo multiplican sus esfuerzos y adeptos,
se constituye la Sociedad de Estudios de Filosofía Materialista
(SEFM), asociación civil sin ánimo de lucro cuyo ámbito de
acción es el territorio nacional. Tal sociedad se centra desde
luego, como así indica su propio nombre, en la corriente filosófica
denominada materialismo; pero esto, antes que una delimitación
exacta de los fines y objetivos de la asociación, supone en
sí mismo un problema acerca del sentido de este término, popularmente
reducido a una especie de pragmatismo ético generalmente despreciado.
Pero si la filosofía mundana está anclada en esta ruda acepción
de materialismo, tampoco la filosofía académica ha dedicado
la atención necesaria a esta fundamental corriente filosófica.
Parece como si la academia, siguiendo la más vulgar idea de
materialismo, también aceptase que la filosofía es idealista
o no es filosofía (aunque también esta noción de idealismo,
desde luego, ha sufrido todo tipo de simplificaciones).
Hay que decir, por tanto, que el papel de la SEFM,
en cuanto asociación civil, tiene como finalidad alimentar
en lo posible de contenido filosófico la noción mundana de
materialismo, y en cuanto sociedad de estudios, realizar un
trabajo de recopilación y criba a través del gran legado materialista.
Esta doble función, pues, parte de la idea de que la filosofía
queda fundamentalmente estructurada en dos grandes tradiciones
filosóficas, materialismo e idealismo, y de la potencia explicativa
de ésta primera respecto de la segunda. Efectivamente, la
SEFM es una sociedad que considera el materialismo su instrumental
filosófico, no con la finalidad de dejar a un lado a otras
tradiciones filosóficas, sino más bien con la pretensión de
reabsorberlas, puesto que la potencia del materialismo frente
al idealismo residiría en esa capacidad para alimentarse de
materiales diversos críticamente elaborados.
Sin embargo, no todas las líneas que recorren la tradición
materialista son filosóficamente críticas; por ello, la SEFM
debe emprender un trabajo de invetigación que dé cuenta de
las diversas posiciones materialistas, polémicamente enfrentadas
a pesar de sus rasgos comunes, con el fin de presentar dentro
del propio materialismo una selección filosóficamente útil.
De entre éstas líneas, es de esperar que la filosofía pueda
recoger del materialismo las que consideramos sus más importantes
armas, y que el racionalismo crítico resultante de estos duelos
pueda influir en ámbitos no académicos.